Aceleración con freno de mano

Las ‘star-ups’ acatan el darwinismo: menos proyectos, pero más maduros y con más opciones de escapar a la alta mortalidad de los años de la crisis

Las incubadoras siguen proliferando, pero se vuelven más selectivas. FOTO: CEDIDA.
Roberto Villarreal / Tarragona

A lo largo del último lustro, Cataluña en general y Tarragona en particular no han sido ajenas a la 'moda' de las aceleradoras de empresas -un invento nacido hace décadas bajo el despegue tecnológico de Silicon Valley en la bahía de San Francisco- , capaces de hacer crecer en seis u ocho meses lo que en condiciones de mercado tardaría en germinar dos o tres años. Tras el 'boom' de la emprendeduría en los años más duros de la crisis, en la actualidad el mercado de las start-ups se ha remansado con menos cantidad de proyectos pero más maduros, de mayor calidad y con más capacidad de generar valor añadido.

Se calcula que en España existen actualmente entre 70 y 100 aceleradoras e incubadoras, con cierto baile de cifras debido a la dificultad de diferenciarlas de otros programas de apoyo a la innovación. Algunas como Wayra (Telefónica) o Lanzadera (impulsada por el dueño de Mercadona) incluso proponen algunos de los programas líderes en Europa, lo que da una idea de la madurez que va alcanzando un subsector tan joven como éste.

Almudena Moreno, head of Millennial Makers y responsable de Alianzas Públicas dentro del área de desarrollo de negocio de Telefónica Open Future -plataforma de innovación abierta que mantiene con Tarragona Impulsa uno de los más de 100 acuerdos de colaboración firmados en todo el mundo con agentes económicos públicos y privados-, subraya que a día de hoy "la conectividad es la base de todo y es imposible innovar en soledad; abrirnos al mundo es una cuestión de negocio e incorporar con start-ups mejora nuestros procesos internos y nuestra cadena de valor".

En el caso de la multinacional española, su experiencia en la aceleración de sistemas locales de emprendeduría e inversión se remonta hasta 2006. El know how, que actualmente comparten en la Academia Wayra, les ha enseñado "flexibilidad y humildad, pues el pez grande tiene mucho que aprender del pequeño". "Nosotros hemos aprendido a ser conectores en un ecosistema en el que las empresas jóvenes encuentran socios financieros, socios industriales y una plataforma de 300 millones de clientes; creo que las start-ups, por su parte, valoran mucho estos 'espacios en que suceden cosas' y la visión de los expertos que les ayudan a no cometer los mismos errores en que cayeron ellos".

Los especialistas consultados en el Camp de Tarragona por Indicador de Economía coinciden en que en los últimos años las aguas de la emprendeduría se han remansado para dar lugar a proyectos más maduros y mejor diseñados. La 'fiebre' de la creación de apps y empresas de corte tecnológico ha menguado a la par que la exigencia de incubadoras, aceleradoras y business angels ha crecido por una cuestión de supervivencia en el mercado. "La mortandad de las aplicaciones en el móvil, por ejemplo, -recuerda Almudena Moreno-, supera el 95%; tiene que contener mucho valor para sobrevivir... En todo caso, aunque no encontremos el unicornio, que sería muy valioso en términos de reputación, me doy por satisfecha si mientras tanto hacemos crecer las redes de generación de innovación y de riqueza".

Tgn Open Future

Hasta la fecha un total de 35 empresas (14 en 2015, 12 en 2016 y 9 en 2017, que han terminado su programa el mes pasado) han pasado ya por las tres ediciones del programa de aceleración de empresas Tarragona Open Future, impulsado desde la consellería de Desarrollo Económico del Ayuntamiento de Tarragona en colaboración con Wayra, la aceleradora de start-ups de Telefónica. Esos 35 proyectos empresariales suponen aproximadamente el 50% de las solicitudes de acceso: "En estos tres años hemos ido aprendiendo; ahora valoramos mucho el pragmatismo de ser capaz de llevar la empresa al mercado y facturar, más que una innovación genial sobre el papel", explica Eva Grañena, técnica de Tarragona Impulsa y una de las coordinadoras de Tarragona Open Future.

El programa incluye una formación grupal de seis meses y asesoramiento en marketing digital, finanzas, branding, comunicación, estrategia empresarial y aspectos jurídicos. Cada año hay un proyecto ganador (Sea Soul Beachwear, empresa de confección de bañadores, en este 2018), que se lleva 3.000 euros, y varios finalistas (Orchestra Scientífic -membranas con aplicaciones industriales ecofrienly- y Litigest -consultora especializada en el proceso judicial de ejecución forzosa-) que reciben la mitad de esa cantidad. Todos ellos pueden acceder a tutorías de consolidación del negocio durante tres años.

Estas tres empresas que han destacado en 2018 forman parte del 20% que "desde el principio se ve que tienen potencial y energía... ya tienen clientes, un plan de negocio claro, y están facturando... son las mejores y suelen coincidir en otros programas de aceleración", describe Grañena. Otro 50% camina bastante más despacio, "normalmente bajo el empuje de profesores o investigadores que lo compatibilizan con un trabajo por cuenta ajena, lo que ralentiza todo". El 30% restante -en ocasiones buenas ideas pero difíciles de ejecutar- va cambiando de estrategia y de modelo: "No están encallados, pero no facturan... De ellos un 20% suele tirar la toalla porque no tiene el know how para llevarlo adelante y depende de alianzas estratégicas que no llegan".

Camp Tgn Up y Ebre Up

Por otra parte, diez empresas emergentes del Camp de Tarragona participan desde hace algo más de un mes y durante los próximos siete en Camp Tgn Up, un programa de acompañamiento empresarial y mentoría para favorecer su crecimiento coordinado por la Diputació de Tarragona en colaboración con los ayuntamientos de Reus (Redessa), Tarragona (Tarragona Impulsa), Valls (Vallsgenera), El Vendrell (L'Eina) y los consejos comarcales de la Conca de Barberà (Concactiva), Baix Camp, Baix Penedès, Priorat y Tarragonès, además de la Universitat Rovira i Virgili (URV Emprèn) y el apoyo de ACCIÓ (Generalitat de Catalunya).

"Son servicios complementarios e instrumentos diferentes; en el caso de Tarragona Open Future, se trata de un 'crowdworking' donde se plantean soluciones concretas a situaciones concretas; en nuestro caso cubrimos un vacío dejado hace dos años -la Generalitat eliminó esta línea en Tarragona para concentrarla en Barcelona- y nos abrimos no sólo a lo tecnológico, sino también a ideas de negocio nuevas en nichos de mercado tradicionales", explica Álex Grau, jefe del àrea de Recursos Humanos, Ocupación i Emprendeduría de la Diputación de Tarragona

Los emprendedores seleccionados, que se suman a otros diez de Ebre Up, un programa idéntico en las Terres de l'Ebre, afrontan nueve módulos de 120 horas de formación transversal común (plan de empresa, marketing, comunicación...) y 25 horas más de tutoría especializada "para atacar aquellas carencias donde tienen más necesidad".

Tanto Camp Tgn Up como Tarragona Open Future se enfrentan al reto pendiente de la falta de masa crítica para dinamizar un ecosistema potente de start-ups, entre otros motivos por el propio tamaño del tejido empresarial de la provincia y la ausencia de aceleradoras privadas: "Hay proyectos muy interesantes, pero la aceleración cuesta mucho... No existe el caldo de cultivo de Barcelona o Valencia y tampoco la Administración pública llama la atención de los emprendedores, creen que no hablamos su lenguaje y cuesta mucho que se acerquen", resume Eva Grañena.

Cinco ingredientes para proyectos 'irresistibles'

Según Julián Vinué, director de Wayra Barcelona, -que recientemente ha visitado Tarragona-, hay al menos factores clave para que las aceleradoras se fijen en un proyecto:

1.       Demanda de mercado para resolver un problema real.

2.       Un equipo sólido de trabajo donde todos suman.

3.       Base tecnológica difícil de reproducir.

4.       Plan básico de negocio con números poco optimistas.

5.       Se cumple el principio de 'Win-win'. El que paga también mejora su negocio.