La economía de Tarragona continúa lastrada por sus pecados históricos

La destrucción de empresas provocada por la crisis y la caída de actividad en la construcción y el sector primario todavía no han podido ser compensadas por un modelo económico en clara terciarización

El territorio continúa con la asignatura pendiente de hacer evolucionar un modelo económico cuyas flaquezas evidenció la crisis.
Roberto Villarreal / Tarragona

"Las fragilidades territoriales de un modelo basado en una baja productividad y un nivel salarial moderado no fueron percibidas en su momento, con un ciclo expansivo de nuestra economía; los resultados se siguen notando aún, pues no hemos recuperado el ritmo de actividad anterior a la crisis", explica Jordi Cáceres, responsable de Proyectos y Competitividad de la Cámara de Comercio de Tarragona. A su juicio, la crisis de 2008 ha dejado varias huellas muy profundas en la economía de Tarragona. En primer lugar, el aumento del desempleo "con una tasa de paro del 19,98%, un porcentaje casi cinco puntos superior a la media catalana y 1,25 puntos por encima del español". Además, también han disminuido los ocupados e incrementado la contratación temporal, una situación especialmente grave en el Baix Penedès y las Terres de l'Ebre.

El nivel de paro ha disminuido, en proporción, menos que el conjunto catalán y español, y más del 50% es estructural o de larga duración. Los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), correspondientes al segundo trimestre de 2017 y publicados la pasada semana, sitúa a Tarragona en la cola de Cataluña con la mayor tasa de paro, un 14,95% -frente al 19,98% del primer trimestre-, con 59.600 desempleados. Le sigue Girona, donde baja al 13,13% -17,03% el trimestre anterior-, con 50.100 parados. En Barcelona está en el 13,03% -14,69% hace tres meses--, con 362.400 desempleados, y en Lleida en el 12,32% -11,57% hasta abril-, con 25.400 parados.

Pese al descenso, el modelo productivo de Tarragona sigue muy lejos del 5,8% de 2006, el mínimo histórico.  "Viéndolo con cierta perspectiva, diez años después estamos a mitad de camino entre el récord positivo de 2006 y el negativo de 2013, que alcanzó el 29%; estamos a mitad de la recuperación", expone Moisès Bonal, responsable de Estudios y Políticas Sectoriales de la patronal PIMEC, quien considera que las estadísticas todavía están desvirtuadas por el batacazo de la construcción en 2008: "Esos 14.000 empleos menos, que no se han recuperado, pesan demasiado en la balanza provincial; el verdadero desequilibrio es que la construcción pesase tanto... los casi 28.000 empleos de 2008 no se alcanzarán, ni tampoco es deseable".

Un segundo aspecto preocupante -expone Jordi Cáceres- es la contundente disminución de empresas, "sobre todo aquellas unidades productivas dedicadas al mercado interior que no han sido capaces de encontrar salida con la exportación". "No se ha llegado a los niveles anteriores, y tampoco a efectos de niveles de producción", subraya. En tercer lugar, la crisis también cortó principalmente los créditos bancarios, de modo que a día de hoy los empresarios actúan con excesiva prudencia a la hora de plantearse nuevas inversiones: "La modernización y el crecimiento empresarial se ven condicionados".

Moisès Bonal cita otros dos factores para explicar la debilidad del crecimiento del empleo en la provincia, la caída de los servicios de logística -especialmente el transporte por carretera-, "que se irá recuperando", y el peso de la industria química, "un sector muy productivo que emplea poca gente, cada vez menos por la sofisticación de su tecnología".

¿Cambio de modelo?

Según el Gabinete de Estudios de la Confederación Empresarial de Tarragona (CEPTA), la crisis ha provocado un cambio cualitativo de notable alcance en el tejido productivo de la provincia, pues el peso del Valor Añadido Bruto (VAB) tanto del sector de la construcción como del primario se han reducido drásticamente, la industria se ha contraído en menor medida, y el terciario ha aumentado perceptiblemente.

Juan Gallardo, director del citado Gabinete, considera que se produce un claro proceso de terciarización, propio de las economías evolucionadas: "Es un síntoma claro de una economía madura, y se convierte en un fenómeno común a la mayoría de los países del entorno; sin embargo, el crecimiento del peso del VAB del sector industrial es una cuestión muy interesante, dado que no suele ser común a las economías más avanzadas".

Las ramas industriales presentan un interesante cambio de tendencia a partir del año 2009, donde cae a mínimos históricos (21,48%), para iniciar una remontada progresiva, bastante sostenida y dilatada en el tiempo. "Esta dinámica confirma la diversificación de la economía tarraconense y vislumbra un cierto cambio de modelo productivo, que va más allá de posibles alteraciones puramente cualitativas", defiende Gallardo.

Estrategia social y económica de futuro

Las Cámaras de Comercio de Tarragona, Reus, Valls y Tortosa reclaman la necesidad de un debate en profundidad del que surjan las estrategias sociales y económicas para un futuro más sostenible. "El análisis que propone la última publicación de Joaquim Margalef y Daniel Miravet nos debería ayudar a ir más allá; el conocimiento de nuestro pasado inmediato debe permitirnos adoptar medidas para generar un nuevo modelo de crecimiento", destaca el presidente de la Cambra de Tarragona, Andreu Suriol.