Las algarrobas entran en el tarro

Curculio Nucum sale del Baix Camp y expande sus cremas por un centenar de tiendas de Catalunya y Andorra

Adrià Gomis asegura que la crema de algarroba "es el alimento del futuro". FOTO: XAVI JURIO.
Javi Serrano / Reus

El curculio nucum es un insecto que come avellanas. Los agricultores lo temen. Se le conoce también como Diabló, igual que la bestia de fuego de los Diables de La Selva del Camp.  En ella se ha inspirado, como homenaje al pueblo, el joven emprendedor Adrià Gomis para crear su propia empresa y marca de crema de algarroba. En agosto de 2017, cuando empezó a elaborarla, sólo la vendía en doce tiendas del Baix Camp; ahora está presente en un centenar de establecimientos de toda Catalunya e incluso Andorra. Hay negocio. "La algarroba es el alimento del futuro: es una legumbre sostenible, local, barata y muy saludable, que tiene mucha proteína y minerales, como calcio, hierro o magnesio, y además está buenísima", asegura Gomis.

De hecho, su cultivo ha empezado a revalorizarse. De alimento menospreciado y considerado de baja calidad y de pobres en la postguerra ha pasado a delicia dulce y saludable. No obstante, la presencia de algarrobos en los campos agrarios ha dado un bajón significativo: en 1961 se cosechaban en España más de 375.000 toneladas de este fruto; en la actualidad apenas 40.000. Y quizá habrían desaparecido del mapa si no fuera porque su semilla es valiosa para hacer determinados medicamentos.

CARACTERÍSTICAS. Se presenta como una alternativa al chocolate de elaboración artesanal

La industria agroalimentaria también se ha abierto ahora a la algarroba. A su auge ha ayudado la expansión del consumo de kilómetro cero y la concienciación sobre la alimentación ecológica. La empresa Curculio Nucum cumple con estas dos premisas: todos los ingredientes que forman sus cremas proceden del Baix Camp, básicamente de La Selva del Camp -donde reside Gomis- y de Mont-roig del Camp. La elaboración es completamente artesanal: él mismo se encarga hasta de rellenar los tarros y etiquetarlos. Es un hombre orquesta, un autónomo al uso que en solo ocho meses ha ido escalando como una hormiga hasta hacerse un nombre en este sector.

PUESTA EN VALOR. De alimento menospreciado ha pasado a delicia dulce

"Yo no he inventado nada. Desde los tiempos de los fenicios se comen algarrobas", afirma. Su mérito es haber visto una oportunidad y aferrarse a ella. Arrancó con una crema endulzada con miel y otra, para dietas veganas, con melaza de algarroba. Y ahora ha ampliado la oferta con una tercera con avellana y melaza. Las demandan, sobre todo, en tiendas de alimentación saludable y ecológica, dietéticas y agrotiendas, donde se venden por un precio que oscila entre 4,30 y 4,90 euros.

Curculio Nucum se presentan como "una alternativa sana, buena y de proximidad  a las cremas de chocolate". Su base de trabajo es un obrador de Montblanc y su propia casa de La Selva del Camp, donde tiene el desván reconvertido en despacho. Sus planes de crecimiento pasan por seguir aumentando la producción y llegar cada vez a más personas. "El balance de estos primeros meses es muy positivo. Cuando la gente prueba la algarroba por primera vez se sorprende y repite", sostiene.

CONTEXTO. El auge del kilómetro cero favorece su expansión 

A su favor juega la especialización de su producto, alejado de procesos industrializados y mecanizados. "Las cremas industriales llevan azúcar refinado, aceite de palma y aditivos químicos y el cacao y la avellana son secundarios. Las mías llevan solamente algarroba, miel, aceite de oliva y avellana procedentes de cooperativas y empresas familiares", comenta Gomis. En sí, la cosecha de algarrobas también está asociada a un método artesanal, pues se recogen del suelo una vez han caído del árbol (habitualmente en el mes de septiembre).

El espejo de Curculio Nucum es una marca holandesa que compra algarrobas a empresas de la provincia de Tarragona para elaborar sus cremas. "Yo trabajaba en una tienda de Reus donde se vendía y no entendía por qué aquí no había una iniciativa de ese tipo, así que un día se me ocurrió probar", cuenta Gomis. De momento, el experimento le funciona. 

Perfil

Adrià Gomis (Badalona, 1987) tocó varios palos antes de entrar en el sector agroalimentario. Estudio Formación Profesional de Electrónica, trabajó en un centro comercial en Barcelona y fue guarda forestal durante dos años. Luego estuvo un tiempo viajando por Europa, y a su paso por países como Alemania o Francia se entusiasmó por el gran valor que dan allí a todo lo artesanal. De vuelta a Catalunya fue dependiente en una tienda de productos ecológicos en Reus. Fue su primera experiencia de cara al público y donde le picó el gusanillo para crear Curculio Nucum.