El avance de las obras de Tarraco Centrum -el histórico proyecto de Ikea, primero, y Ten Brinke, después- y la reciente apertura de Family Park confirman el desplazamiento del eje comercial hacia la T-11 y la N-340. Mientras el centro de Tarragona teme que se agrave la desertización, Reus confía en su "marca propia" para resistir la embestida.
El mapa comercial del Camp de Tarragona está sufriendo su transformación más agresiva de la última década. El ruido de la maquinaria pesada en el Pla Parcial 10, frente a Les Gavarres, pone el foco en una realidad ineludible: salvo contadas excepciones, el modelo de grandes superficies periféricas ha conseguido imponerse en el entorno de Tarragona ciudad, y sólo las pymes comerciales de Reus mantienen un cierto vigor.
El avance de las obras de Tarraco Centrum, que sumará más de 17.000 metros cuadrados más de oferta, y la reciente inauguración del Family Park de la N-340 en Campclar, Tarragona opta por desplazar definitivamente su centro comercial de gravedad hacia el extrarradio. Desde General de Galerías Comerciales, actual promotora de Tarraco Centrum tras la compra del terreno a Ten Brinke en enero de 2024, confirman su visión de que la suma de la nueva oferta con la ya existente en Les Gavarres posicionará a la zona como el "centro comercial más importante del sur de Catalunya". A pocos kilómetros, el barrio de Campclar ya experimenta esta efervescencia con la apertura, el pasado julio, de un complejo liderado por el hipermercado Family Cash. Este recinto, que incluye operadores como JYSK o Fitness Park, apuesta por un modelo funcional de una sola planta y fácil aparcamiento, enfocado a precios bajos y al vehículo privado.
Ejercicio de supervivencia en Tarragona y Reus
La euforia de la periferia contrasta con el pesimismo en el centro de Tarragona. Para la asociación de comerciantes Via T, estos proyectos suponen una amenaza evidente: "O se generan más ventajas para proteger el comercio de toda la vida o estamos sentenciados", advierten. El diagnóstico es visible en zonas emblemáticas como Verdaguer, Unió o Apodaca, que han perdido su brillo y ven cómo los locales vacíos se ocupan con negocios de escaso valor añadido. Desde Pimec Comerç advierten sobre el riesgo de "desertización de los barrios" si se rompe la proporcionalidad entre grandes cadenas y pymes.
En el otro extremo de la T-11, la ciudad vecina observa estos movimientos con cautela, pero sin el pánico de antaño. El comercio de Reus, que ya sobrevivió a la llegada de Pryca en 1991 y a la apertura de La Fira en 2015, cree tener el antídoto en la fortaleza de una marca propia. Aunque saben que la competencia está a solo "10 minutos en coche", entidades como El Tomb de Reus y la Unió de Botiguers mantienen su apuesta por la diferenciación. Consideran que Tarraco Centrum competirá directamente con otros centros comerciales, y no tanto con el modelo de calles comerciales de Reus. La estrategia reusense se basa en un "modelo urbano compacto" y en la calidad del trato personal, justo los elementos que las grandes naves del extrarradio tarraconense no pueden replicar.
El escenario final dibuja dos modelos con notables diferencias. Por un lado, pese al esfuerzo de campañas dirigidas a dar un balón de oxígeno al pequeño comercio, la realidad objetiva dibuja un territorio que fía su crecimiento al consumo masivo, al coche y a la atracción de grandes operadores en sus límites municipales. Por otro, un comercio urbano -tanto en el centro de Tarragona como en Reus- que intenta poner en valor la experiencia cualitativa de proximidad frente a la comodidad estandarizada de los grandes parques comerciales.
