La creación de empleo se ralentiza en Tarragona de modo preocupante

El sector servicios toca techo y los expertos advierten que es necesario que la industria recupere peso específico en el modelo económico de la zona

Los datos del paro del mes pasado muestran el agosto más negro desde 2011. FOTO: CEDIDA.
Roberto Villarreal / Tarragona

El 'lustro' prodigioso en la recuperación del mercado de trabajo en la provincia de Tarragona arroja claros síntomas de enfriamiento, agudizados en este regreso a la realidad de septiembre tras una temporada alta turística que los agentes económicos ligados a este sector ya reconocen sin ambages como mala o incluso desastrosa. Las incertidumbres sobre el aumento de la fiscalidad o el futuro de la reforma laboral no ayudan, precisamente, a disolver los nubarrones.

La situación de relativo estancamiento en la evolución del mercado laboral ya había sido detectada por el Gabinete de Estudios de la Confederación Empresarial de la provincia de Tarragona (CEPTA) en el segundo trimestre del año. Tras cinco años (2013-2018) de caídas ininterrumpidas del paro hasta sumar una espectacular  reducción del 12,1% (prácticamente la mitad), el músculo de la economía tarraconense -al menos en lo que a creación de empleo se refiere- arrojaba síntomas preocupantes ya hace unos meses.

La clásica subida del desempleo en la cuesta de septiembre no hace sino confirmar las malas sensaciones previas. Los datos del mes pasado muestran el agosto más negro desde 2011, con Cataluña como la región que peor se comporta de España en números absolutos (+11.600 parados). En Tarragona, -en la misma dinámica negativa que en el resto de las provincias catalanas-, las listas del SOC han engordado con 870 personas más hasta alcanzar los 43.275 desempleados.

"Antes del verano -explica Juan Gallardo, autor del informe de CEPTA- ya nos había sorprendido que, de todos los grandes sectores de actividad, el terciario (servicios) era el que peor se comportaba en términos de ocupación, por lo que intuíamos que la temporada turística podía estar por debajo de las previsiones; lamentablemente la predicción se ha cumplido y hasta cierto punto es preocupante que el turismo, que mantuvo el tipo incluso en los peores años de la crisis, se debilite como generador de empleo". La estacionalidad de la actividad turística, más allá de sus oscilaciones, es otra de las amenazas de situar en este sector un exceso de presión empleadora.

'Megasector' servicios

Más allá del mal comportamiento coyuntural del desempleo en el mes de agosto, la verdadera cuestión de fondo es por qué la economía tarraconense encuentra tantas dificultades, bastantes más que el resto de Cataluña, para crear puestos de trabajo estables. La primera respuesta, y la más obvia, es el proceso de terciarización (el sector servicios bordea ya el 70% de la población ocupada) del tejido productivo y la estacionalidad que lleva aparejada.

Desde Pimec Tarragona, a la vista de los últimos datos sobre el comportamiento del mercado de trabajo, insisten en que es necesario potenciar otros sectores productivos menos estacionales como los industriales: "En toda Cataluña es necesario seguir implementando las actuaciones contempladas en el Pacto Nacional por la Industria, que a su vez necesitan que la Administración del Estado adopte medidas estratégicas".

Paradójicamente, tanto la industria como la construcción, -el más intensivo en términos de creación de empleo-, evolucionan lentamente de forma positiva frente al pinchazo del sector terciario. No obstante, su peso específico es muy relativo; la ocupación en el sector de la construcción sigue en mínimos históricos (26.400 personas, 7,8% del total), aunque se consolida el cambio de tendencia al alza por segundo año consecutivo. Por lo que respecta a la industria, ha estabilizado su nivel de ocupación en torno a las 60.000 personas (18,5%).

Los analistas de CEPTA estiman que en la ralentización del mercado laboral de Tarragona también influyen las incógnitas abiertas tras cambio político en España y la llegada del invitado más indeseado para la recuperación económica: la incertidumbre. "Hay procesos inversores que ya se están ralentizando; las decisiones se van a aplazar si no se lanzan señales claras a las empresas respecto a la fiscalidad (impuesto de sociedades, rentas altas, tasas ambientales...) y las intenciones sobre la reforma laboral".

Los sindicatos, lógicamente, no comparten la visión de la patronal y persisten en su reclamación histórica de contratos de mayor calidad. Tanto Joan Llort (secretario provincial de UGT) como Vicente Moya (CCOO) consideran que la reforma laboral no ha producido ningún efecto positivo en una provincia tan proclive a la contratación en precario como Tarragona: "Se habla mucho de reducción del paro pero muy poco de condiciones laborales; la realidad es que a día de hoy un elevado número de empresas de Tarragona contratan únicamente en función de puntas temporales de trabajo".

Tanto el catedrático de Economía Aplicada de la URV, Agustí Segarra, como el jefe del gabinete de Estudios de la Cambra de Comerç de Tarragona, Joan Cáceres, insisten en la fragilidad de la estructura productiva de Tarragona, "muy expuesta a la temporalidad estacional y todavía lastrada por la debilidad del sector de la construcción", como el vector que debe corregirse a través de una planificación estratégica vinculada a nichos de empleo pujantes en Tarragona como los componentes de automoción, la logística o la tecnología agroalimentaria, entre otros, además de la progresiva transformación de la industria química hacia productos de mayor valor añadido.

La esperanza se llama Hard Rock

Aunque todavía no hay cifras oficiales y la información al respecto se dosifica con suma prudencia, fuentes muy bien informadas aseguran que algún importante grupo hotelero ha registrado una caída de dos dígitos en la ocupación de sus plazas respecto a 2017. El propio presidente de la Federación Empresarial de Hostelería de Tarragona (FEHT), Eduard Farriol, reconoce que la temporada alta estival ha ido "mucho peor de lo esperado", lo que sin duda ha repercutido en el número de contrataciones del sector turístico de la Costa Daurada. Los informes que maneja la Generalitat  reflejan que el turismo español se ha desplomado un 11,3% respecto a 2017, en comparación con el 3,9% del turismo extranjero. Los efectos los ha padecido principalmente la Costa Daurada central, que ha visto cómo su cliente estrella, la familia que viene de Aragón y también de Navarra, se ha decantado este año por otros destinos como Peñíscola y la costa de Castellón.

"Está claro -explican los expertos de la CEPTA- que no sólo ha afectado la recuperación de Túnez o Turquía; hay un condicionante político, a nivel nacional con la salida del PP, y a nivel catalán por el 'procés'... Además, la renta de las familias merma por las subidas de consumos básicos como la luz o el combustible, lo que determina que todos los sectores, y especialmente los servicios, se comporten peor". A falta de analizar las causas del desplome, Farriol invita al sector a seguir invirtiendo en promoción y generando valor añadido en la infraestructura turística para acceder a un rango de clientes más exigentes pero también con más poder adquisitivo. Por supuesto, en el horizonte se dibujan proyectos como el de Hard Rock, que de hacerse realidad por si solo podría acabar con el estancamiento del mercado laboral de Tarragona.