Toni Coello Director médico del Grup Pere Mata

“Invertir en salud mental en el trabajo equivale a más productividad y retención de talento”

Organizada por la Cambra de Comerç de Tarragona y Salut i Treball, la ponencia del doctor Coello repasó algunas claves para convertir el bienestar emocional en un pilar estratégico de la empresa, con sus directivos como punta de lanza para fomentar una cultura más abierta de comunicación sobre la enfermedad, y espacios saludables de desconexión digital. Sentido de pertenencia, retención del talento, reputación y productividad son algunos de los beneficios tangibles de poner la salud mental en la lista prioritaria de mejoras de cada organización.

Roberto Villareal / Tarragona

Insiste en que la salud mental debe dejar de ser una cuestión personal para convertirse en una estrategia empresarial. ¿Ve una evolución?

Nos encontramos todavía en una fase inicial. Hablar de salud mental en el entorno laboral todavía cuesta muchísimo Aunque somos algo más conscientes, las empresas siguen percibiendo el bienestar emocional como un lujo y no como una inversión prioritaria. 

¿Se esconde este tipo de problemas?

Existe miedo y prejuicio constante; el trabajador teme las consecuencias de hablar sobre su malestar, siente mucha vergüenza y se pregunta si perderá su puesto de trabajo al comunicarlo. Además, persiste el cliché de asociar la salud mental a una fragilidad y debilidad individual que debe solucionarse fuera de la empresa.

Usted habla de cifras de absentismo por motivos emocionales de entre el 10% y el 15%. ¿Por qué cuesta tanto ponerle remedio de forma efectiva a esta situación?

A menudo disparamos la culpa en lugar de dialogar constructivamente: el directivo cree de forma injusta que el trabajador es frágil, y el trabajador asume automáticamente que el jefe es un déspota incomprensivo. El coste que se deriva de esa inacción es alarmante, más de 2.400 euros anuales por cada trabajador. 

¿Cómo afecta el tamaño de la empresa?

El riesgo psicosocial es universal. En las pymes observamos 'el dolor del crecimiento', que surge cuando se quiere aumentar drásticamente el volumen de negocio sin los recursos humanos necesarios, con un desgaste brutal. Por su parte, en las corporaciones grandes, el principal factor de riesgo es que el empleado se siente como una pieza insignificante, sin perspectivas de desarrollo y sin reconocimiento.


¿La hiperconexión digital agrava el desgaste mental?

La tecnología nos mantiene anclados ininterrumpidamente al mundo laboral. Los mensajes continuos impiden el descanso psicológico verdadero. En nuestro hospital, como directivos, hemos implementado una estrategia muy útil al respecto: rotamos para que una sola persona vigile las alertas mientras el resto del equipo apaga el chat por completo.

¿Qué observa en los valores laborales de las generaciones más jóvenes?

La juventud nos ha ayudado a romper antiguos tabúes restrictivos para hablar abiertamente de ir al psicólogo, normalizar la medicación o reclamar una flexibilidad sana y necesaria. Sin embargo, la gente joven también debe nutrirse de valores como el sentido de pertenencia en la empresa, el compromiso, la estabilidad y el respeto por la jerarquía. 


 

Con la gran influencia de las redes sociales, existe una tendencia a buscar patologías en las emociones normales. ¿Cuándo debemos preocuparnos a nivel clínico?

Es uno de los mayores riesgos hoy... Tener un día puntual de nervios, sufrir una pérdida dolorosa o padecer estrés no significa automáticamente tener una depresión. El problema surge cuando ese malestar crónico afecta gravemente la funcionalidad diaria de la persona. En el caso específico de la depresión, más allá de una tristeza pasajera, los síntomas más reveladores suelen ser físicos, como la fatiga persistente, alteraciones severas del sueño o falta importante de apetito. Debemos informarnos con rigor para no banalizar ni sobredimensionar.

¿Qué ocurre con el tabú de la necesidad medicación?

Hemos normalizado poder decir sin vergüenza que vamos al psicólogo, pero tomar pastillas genera un estigma laboral todavía muy profundo. Se cree erróneamente, por falta de información, que los fármacos enganchan para toda la vida o reducen la memoria. La realidad es que bajo una correcta prescripción y un buen seguimiento médico profesional, las pastillas son herramientas terapéuticas necesarias, exactamente igual que un colesterol alto.

Con la IA tan de moda, ¿cómo valora usted el factor humano en la atención psicológica?

El vínculo humano sigue siendo indispensable e insustituible. Corremos el riesgo de perder ese lazo espiritual y terapéutico tan profundo entre paciente y profesional médico. El valor reconfortante de un abrazo no lo podrá dar ni simular ningún humanoide inteligente ni otra máquina artificial, al menos en la etapa presente. 

¿Qué mensaje enviaría a los líderes empresariales respecto a la salud mental en sus organizaciones?

Que invertir recursos en la salud mental es invertir de forma directa y tangible en la productividad corporativa y en retener el mejor talento. En lugar de realizar actividades puntuales e irrelevantes como catas de vino o cenas pagadas, las empresas necesitan implementar políticas firmes, planes escritos y protocolos funcionales serios a largo plazo.

Experto en salud mental

Nacido en Tarragona, se graduó en Medicina en la Universitat Rovira i Virgili (URV). Es psiquiatra desde 2006 y especialista en trastornos mentales tan graves como la esquizofrenia, la depresión severa o las tendencias suicidas. Ha visto las caras más oscuras del ser humano, y las ha visto en personas de toda condición académica o económica. Después de una larga etapa en la faceta asistencial, lleva también muchos años inmerso en la gestión, primero como coordinador de la Unidad de Hospitalización del Institut Pere Mata y desde hace seis años como director médico del Grup Pere Mata y de la Fundació Pere Mata Terres de l'Ebre. Combina la sanidad pública con su consulta privada.