La química ‘smart’ llama a la puerta en Tarragona

La ecuación de futuro de la principal industria del territorio deberá despejar satisfactoriamente tres incógnitas: seguridad, valor añadido y sostenibilidad

Roberto Villarreal / Tarragona

El año 2020 sin duda va a quedar grabado a fuego en la historia reciente de la industria química de Tarragona. Cuando el sector, después de décadas de esfuerzo sostenido para reducir al mínimo la accidentalidad, tenía puesto el foco en el reto de un crecimiento sostenible a medio y largo plazo, el impacto social del gravísimo accidente de Iqoxe en enero significó prácticamente volver a la casilla de salida en materia de percepción de imagen corporativa.

El accidente de Iqoxe obligó a las grandes empresas, tanto a nivel individual como en el seno de la Associació Empresarial Química de Tarragona (AEQT), a una revisión a fondo de sus protocolos de seguridad, con un notable refuerzo de las políticas transparencia, y también con el endurecimiento de los sistemas de certificación, cada vez más exigentes, y una nueva intensidad en la formación que reciben todas las empresas subcontratadas de prestación de servicios.

Después de un aluvión de críticas y de una investigación judicial en curso, la propia Iqoxe ha querido marcar un punto de inflexión al incorporar un nuevo equipo directivo que deberá gestionar una compleja etapa en la que desterrar los errores del pasado, con la misión casi imposible de obrar el milagro de un cambio de percepción en la imagen de la empresa, cuyas carencias han salpicado a toda la industria química de Tarragona. El primer paso es una empresa más 'limpia' con la inversión de un millón de euros para instalar placas 3.000 placas solares en las cubiertas de las plantas de producción.

'Smart factories'

Esa obsesión por la seguridad, -más presente que nunca en los polígonos de Tarragona, pese a que nadie había bajado la guardia-, es uno de los vectores esenciales en las factorías inteligentes que están diseñando las multinacionales presentes en el territorio y en las que la digitalización -con avances significativos gracias al 5G y a la inteligencia artificial- debe permitir pasos de gigante en la fiabilidad de los procesos, la reducción de emisiones y las iniciativas de economía circular.

A modo de ejemplo, el programa de transformación digital de Repsol tiene en marcha más de 150 casos o iniciativas, con más de 1.000 profesionales implicados, una inversión de 150 millones de euros, y un retorno en forma de flujo de caja estimado de 1.000 millones de euros para 2022. En complejos industriales como el de Tarragona, con instalaciones de refino, química y GLP (Gases licuados del petróleo), Repsol ha desarrollado una app y un dispositivo para movilizar tareas de operación y mantenimiento, "una solución que mejora la seguridad y la eficiencia y reduce los tiempos de mantenimiento", según fuentes de la compañía.

BASF, otra de las 'grandes' implantadas en Tarragona, también muestra el camino de los complejos industriales de futuro. La multinacional germana ha sellado una alianza con Cellnex Telecom para instalar la primera red privada basada en tecnología 5G en la industria química española con la idea de revolucionar la operativa industrial de la planta. Según Carles Navarro, director general de BASF Española, el salto a esta nueva era permitirá desarrollar nuevas aplicaciones en campos tan importantes como el de la seguridad o las operaciones. Otros operadores de referencia como Dow, Clariant o Covestro se mueven en la misma línea con vanguardistas aplicaciones de smart factory.

Inversión en valor añadido

El segundo de los pilares que sostiene la transformación del sector químico de Tarragona se sostiene desde hace más de una década en una premisa sencilla: en un mercado global no es posible competir por costes sino por la calidad de los procesos y el valor añadido de la producción. Las inversiones han sido constantes en los últimos años -según datos de la Federación Empresarial de la Industria Química Española (Feique) se inyectan actualmente en España unos 2.500 millones/año- y ya se han anunciado importantes proyectos para 2021 como la primera planta de fabricación de polímeros de alta resistencia de Repsol (32 millones) o el nuevo centro de fabricación de gases destilados de Messer en Vila-seca (35 millones). Dow acaba de presentar a nivel mundial su centro de innovación Pack Studios (20 millones), especializado en embalajes y films sostenibles, con 70 ingenieros procedentes de una veintena de países.

Empresas sostenibles

El tercer gran foco de transformación empresarial está ligado a la sostenibilidad. Las empresas del sector químico de Tarragona no permanecen ajenas al intenso debate público y todas ellas vuelcan sus esfuerzos en una producción más sostenible, con importantes compromisos en materia de ahorro energético, reducción de emisiones y economía circular.

Hablar de medio ambiente en el horizonte 2020-2030 significa poner el acento en urgencias como el ritmo del calentamiento global o el impacto de los residuos plásticos. Entre otros ámbitos de mejora, la investigación en materia de reciclaje químico de residuos -para transformarlos en materia prima o en la producción de plásticos biodegradables- comienza a dar sus frutos. Ya existen formulaciones para packaging, construcción, pavimentos, mobiliario... a partir de esos desechos o incluso de CO2.

En otra de las líneas de trabajo que deberá consolidarse en los próximo años, los expertos coinciden en que el territorio mantiene una posición privilegiada para convertirse en referente en cuanto al hidrógeno como vector energético, razón por la cual los diferentes agentes implicados están trabajando intensamente en el marco de la Plataforma Hidrogen Verd Catalunya Sud que lidera la Universitat Rovira i Virgili.