¿No money, no green? La alternativa eres tu

Javier Fañanás - Director de Proyectos en The Skeye

Cuando mi inefable editor me propuso un tema tan interesante como el impacto de Recursos Humanos en la sostenibilidad tuve muchas dudas en la manera óptima de afrontarlo. ¿Debería darle un tono elegante, positivo, constructivo aunque sin perder un barniz crítico, remarcando las cosas que se están haciendo bien, que son muchas? Podría empezar con algo así:

La sostenibilidad lleva dos décadas instalada en el discurso corporativo, convertida en mantra de propósito y reputación. Sin embargo, bastan unos meses de tensión económica o energética para descubrir hasta qué punto esos compromisos son sólidos o decorativos. Hoy, tras el auge de los precios energéticos, el retorno del carbón y la energía nuclear, y las dudas sobre la viabilidad de las renovables, asistimos al cuestionamiento del movimiento verde. Detrás de los discursos institucionales, muchas empresas se enfrentan al reto de mantener sus políticas de sostenibilidad sin perder competitividad. Y en ese tira y afloja, los departamentos de Recursos Humanos juegan un papel decisivo, aunque pocas veces se les reconozca.

¿O debería decantarme por una visión más crítica, vaso medio vacío, y formato de columna de opinión de periódico no alineado? Entonces hablaría del teatro verde y lo empezaría así:

La sostenibilidad se ha convertido en el nuevo PowerPoint obligatorio de cualquier Comité de Dirección: todos la defienden pero casi nadie está dispuesto a pagarla. Y en medio de esta comedia corporativa, Recursos Humanos aparece como el departamento elegido para cambiar la cultura, pero sin presupuesto, sin poder real y con la presión de sostener un relato verde justo cuando la sociedad está volviendo al viejo mantra "no money, no green" (sin dinero no hay verde).

En ambos enfoques parece que el final está escrito y es poco esperanzador: la sostenibilidad, la economía circular y los esfuerzos invertidos en ecología están supeditados a la rentabilidad económica o de imagen corporativa. Nada más lejos de la realidad: los que tenéis unos años recordareis que hace unas décadas comenzamos a hablar de una cosa llamada RSC que se sustanció en muchas iniciativas a las que no veíamos rentabilidad...pero que hoy están integradas en nuestras empresas y nos ayudan en la buena gobernanza y en apertura a la sociedad. Creo que vamos a asistir a un fenómeno parecido: cuando oímos sostenibilidad tendemos a pensar en tecnologías limpias, reducción de emisiones o materiales reciclables, pero la sostenibilidad más profunda no se mide en kilovatios sino en comportamiento. Es cultural y empieza dentro de las organizaciones.

Una empresa no se vuelve sostenible por publicar una memoria ESG. Se vuelve sostenible cuando su gente entiende cómo las decisiones cotidianas -usar menos papel, reducir viajes innecesarios, elegir proveedores responsables- encajan en una estrategia global. Desde Recursos Humanos el compromiso con la sostenibilidad no debería limitarse a cumplir con cuotas de diversidad o programas de bienestar, sino a construir una conciencia colectiva. Aquí entran en juego tres palancas clave: formación, involucración y ejemplo.

  • Formación para transformar el concepto verde en competencias concretas que vinculen cada acción sostenible a métricas reales para el negocio (¿Cuánto ahorras anualmente en iluminación de las oficinas? ¿Por qué no pones - como hace Danone - como objetivo a cada manager reducir su huella de carbono en x%?). Y sin hacernos trampas.
  • Involucración para que no sea una medida impuesta desde arriba, una iniciativa trufada de modernidad y que sucumbe como las modas: muchas empresas - IKEA y DKV me vienen a la cabeza - han lanzado programas para que sus empleados lancen ideas sostenibles para la empresa, para la gestión, para el ahorro, etc; sin duda, con independencia del éxito que tengan, mejorará el sentimiento de pertenencia y convertirán la sostenibilidad en una forma de trabajar. Ojito con confundir participación con coartada: se dan cuenta.
  • Liderazgo: nada desacredita más una política que el doble discurso, vuelos en jets privados mientras predicas la reducción de la huella de carbono, elegir proveedores por precio mientras discurseas sobre economía circular. El liderazgo por el ejemplo es la base de la sostenibilidad creíble.

Aquí quiero hacer un inciso para tranquilidad general: no me he dado ningún golpe en la cabeza que me haya convertido de golpe en naif. Soy consciente de que hay empresas que siguen practicando el noble arte del greenwashing, que me gustaría traducir por postureo. Soy consciente de que el camino no es lineal y que asistiremos a retrocesos: Alemania no toma por capricho la decisión de reabrir sus centrales de carbón y aceptar la energía nuclear en la UE sino por pragmatismo, como Francia al prolongar 20 años la vida de sus nucleares, como quizás hagamos nosotros también para conseguir precios competitivos y estabilidad energética. Soy consciente de que nos enfrentaremos a dilemas como consumidores finales, dilemas en primera persona tales como ¿me compro un coche eléctrico europeo, caro, o me inclino por uno chino aun sabiendo que su modelo industrial no tiene el mismo concepto de sostenibilidad que el nuestro?

En general me temo que el precio es un factor determinante en esta ecuación, probablemente a partir de un umbral de ingresos, pero eso no debe hacernos renunciar a los principios sino aspirar a comprar productos a precios asequibles y que no provengan de fuentes no limpias; es difícil hoy apuntar a alguien con el dedo cuando una gran mayoría nos olvidamos de estos principios a la hora de comprar: estás contento porque has comprado en Temu un gadget que no necesitabas pero a ese precio no lo ibas a dejar ahí, olvidándote de cómo se ha fabricado, de las condiciones laborales de quién lo hizo, del impacto medioambiental de la producción y del transporte a tu casa,...¿sigo? Quizás asumimos erróneamente que lo verde sería siempre rentable cuando la realidad es más compleja. Sinceramente espero que las empresas que entienden la sostenibilidad como una inversión a largo plazo más que como un gasto de marketing sean las que mejor resistan los vaivenes del mercado.

En este contexto, Recursos Humanos tiene la responsabilidad de traducir el discurso corporativo en actitudes adaptativas. La actividad ya no debe centrarse solo en ser sostenibles sino en gestionar la transición en distintos aspectos entre los que destaco:

  • Transparencia obligada. La Directiva Europea de Reporte de Sostenibilidad (CSRD) eliminará, espero, el greenwashing. Las empresas deberán demostrar con datos su impacto social y ambiental.
  • Talento sostenible: los jóvenes profesionales valoran las empresas que actúan con coherencia y propósito real.
  • Economía circular de competencias: formar a los empleados para reciclar sus conocimientos y adaptarse a nuevos modelos sostenibles.
  • Medición real de impacto humano. Se empieza a hablar de indicadores como el Employee Sustainability Index, que evalúa cómo la cultura y el liderazgo influyen en la sostenibilidad organizativa.
  • Enseñar a nuestros directivos a poner objetivos individuales - y evaluarlos por ellos - relacionados con la sostenibilidad, con un peso relevante en la compensación variable
  • Condicionar el relato: no validar campañas ni mensajes de sostenibilidad si no vienen acompañados de cambios en incentivos, procesos o liderazgo. Sin eso todo se reduce a moda o postureo
  • Recursos y datos: sin presupuesto específico ni métricas claras de impacto humano, la sostenibilidad seguirá siendo voluntarismo bienintencionado

El verdadero reto de la sostenibilidad empresarial no es técnico sino cultural. Exige entender que la sostenibilidad tiene matices, que no siempre es rentable en el corto plazo, y que aun así debe mantenerse como brújula moral y estratégica. Dejemos menos espacio a la épica y más a la honestidad: no se trata de ser la empresa más verde del barrio, sino de encontrar un equilibrio entre supervivencia económica y responsabilidad que no insulte la inteligencia de quienes trabajan dentro. Y allí empieza el rol de Recursos Humanos.