La reducción del mercado bancario amenaza la financiación de las empresas de Tarragona

El constante cierre de oficinas aleja las decisiones sobre los créditos y disminuye la sensibilidad territorial de las pocas entidades supervivientes a la crisis

La desaparición de Caixa Tarragona y la integración en Catalunya Caixa, primero, y el BBVA, después, es uno de los procesos que más destrucción de oferta ha generado.
Roberto Villarreal / Tarragona

Tras la absorción del Banco Popular por parte del Santander, las entidades bancarias independientes con presencia en Tarragona se pueden contar con los dedos de las dos manos. Son exactamente ocho: Caixabank, BBVA, Santander, Sabadell, Bankia, Bankinter, Ibercaja y Kutxabank. La virulencia del proceso de concentración vivido por el sector financiero arroja datos muy llamativos; según el último informe del Observatorio Empresarial de la CEPTA (Confederación Empresarial de la Provincia de Tarragona) hace una década operaban 28 'marcas', lo que significa una reducción próxima al 75%.

Sin duda la ausencia más significativa con respecto a aquel panorama de 2007 en el que las cajas de ahorro mantenían una activa presencia es la de Caixa Tarragona, integrada primero en Catalunya Caixa y posteriormente en el BBVA. La patronal CEPTA subraya la relevancia de una continuada pérdida de poder territorial dentro del sistema financiero, acentuada en los últimos meses por la 'fuga' de entidades catalanas como Caixabank o Banc de Sabadell, que han trasladado sus sedes sociales fuera de Barcelona. 

La CEPTA alerta sobre las consecuencias de esa concentración bancaria para las empresas de la provincia, que se deja notar por el encarecimiento de los servicios financieros y la desertización bancaria en zonas rurales. El mapa bancario evidencia como el mercado financiero de la provincia de Tarragona se muestra cada vez más concentrado en zonas urbanas, con oficinas más grandes y menos trabajadores.

"Al desaparecer esa vinculación territorial, las decisiones de inversión son menos dinámicas, se toman lejos y en función de parámetros más objetivos; el efecto es evidente, por ejemplo, en la provisión de servicios bancarios en las periferias de las ciudades, y sobre todo en las zonas rurales, donde están desapareciendo", explica Juan Gallardo, co-director del Gabinete de Estudios de CEPTA.

"Es verdad que en el mundo de las cajas de ahorro provinciales hubo mucho pillaje, pero también es cierto que financiaron proyectos importantes para la comunidad de Tarragona, en múltiples formas y conceptos, ahora el BBVA no está por esa vía, no lo estará", reconoce una fuente de toda solvencia ligada a la extinta Caixa Tarragona que prefiere permanecer en el anonimato.

De 'community banks' a 'money centers'

El profundo cambio de modelo que subyace tras este proceso de concentración "se ha ejecutado, como suele suceder en nuestro país, con poco equilibrio". "El esquema de community banks, que prestan su dinero allí donde lo ganan, prácticamente ha desaparecido salvo en la presencia marginal de las secciones de crédito de las cooperativas... Ya se había diluido cuando las cajas se lanzaron a su aventura inmobiliaria, pero ahora ha sido sustituido por money centers mucho más asépticos", reflexiona Gallardo.

En este sentido, según el análisis de CEPTA, el traslado de Caixabank y Banc de Sabadell sí podría notarse ante un eventual exceso de capacidad: "Las decisiones de reducción o redimensionamiento de la red comercial pueden verse sustancialmente afectadas por este cambio de perspectiva; este hecho es especialmente importante por el número de oficinas que mantienen en ámbitos donde otras entidades financieras han cerrado".

Caída del crédito

La drástica reducción del número de entidades y el alejamiento de los centros de decisión se ha traducido también en una fuerte contracción del crédito, tanto en el caso de las economías domésticas como en el de las empresas, en especial las pymes, y las Administraciones locales. Aunque no existes estadísticas desglosadas, la tendencia general es de una clara reducción del endeudamiento. Si a los créditos concedidos en 2006 se les otorgase un valor 100 -que sube hasta 140 en 2009-, en 2017 esa cifra cae hasta algo más de 80.

"En los momentos más duros de la crisis (2010-2014) -analiza Gallardo- se juntan varios factores como la contención de las inversiones empresariales, con una especie de alergia al riesgo, y el cierre del grifo del crédito a falta de perfiles solventes; también influye, lógicamente, el cierre de empresas que ya no requieren financiación".

Las tensiones de liquidez padecidos por las pymes han dado paso a un escenario de mayor solvencia, en parte por un proceso de saneamiento financiero (más ahorro y menos consumo) y en parte por medidas como la Ley de Morosidad de Operaciones Comerciales que ha logrado estimular plazos más razonables de pago, especialmente desde las Administraciones. El ratio entre créditos y depósitos, que históricamente se ha venido situando en torno a 2 (siempre con mayor peso de los créditos por el sello fuertemente inversor de la economía de Tarragona) se ha ido reduciendo de forma significativa desde 2012 hasta situarse por debajo de 1,4. Los depósitos, pese al pírrico nivel de retribución derivado de los bajos tipos de interés, han evolucionado al alza.

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El otro impacto: un 32% menos de empleo

En este nuevo escenario, a la falta de 'sensibilidad' territorial y a la caída del crédito se une la reducción de empleos por cuenta ajena. Los datos del Régimen General de la Seguridad Social no dejan lugar a dudas: de más de 4.000 trabajadores en la provincia de Tarragona (2006) se pasa a algo más de 2.800 el pasado año, lo que arroja un recorte aproximado del 32%.

El informe de la CEPTA subraya el aligeramiento de las plantillas y la tendencia a flexibilizar las estructuras, lo que genera también un aumento llamativo (18%, de 607 en 2006 a 822 en 2017) de los autónomos vinculados al sector financiero: "Las tareas comerciales de representación -sintetiza-, con figuras al alza como los corresponsales tradicionales de banca o el colaborador por cuenta propia, están siendo externalizadas para rebajar costes". El último Observatorio Empresarial no descarta que en los próximos dos o tres años el número de trabajadores, -al igual que sucede con las oficinas- también evolucione a la baja, aunque con menor intensidad.