Management

Autoconocimiento y metacognición: liderar desde dentro

Gerard Isern

Catalizador de personas, equipos y empresas

gerard.isern(ELIMINAR)@nfocus365.com

Antes de regular emociones, comprender a otras personas o gestionar relaciones, existe un paso previo: conocernos a nosotros mismos. El autoconocimiento es la capacidad de observar cómo pensamos, qué sentimos y cómo ambas dimensiones influyen en nuestras decisiones y comportamientos.

No reaccionamos a los hechos, sino a su interpretación

Una misma situación puede provocar respuestas diferentes, incluso, opuestas. Ante un cambio, una persona siente curiosidad y otra inseguridad. Frente a un conflicto, alguien actúa rápido mientras otra necesita ordenar sus ideas. La realidad es similar; cambia el significado que le atribuimos.

En el liderazgo, confundir nuestra mirada con la realidad nos lleva a interpretar prudencia como falta de iniciativa, rapidez como precipitación, silencio como desinterés o necesidad de detalle como resistencia. El problema no siempre está en el comportamiento ajeno. A veces está en el significado que nosotros le damos.

Autoconocimiento emocional y cognitivo

El autoconocimiento emocional consiste en identificar qué sentimos y qué información contiene esa emoción. Decir "estoy estresado" puede ocultar miedo a no llegar, frustración por falta de autonomía o pérdida de control. Nombrar la emoción crea un espacio entre lo que sentimos y lo que hacemos. En ese espacio podemos elegir una respuesta en lugar de reaccionar automáticamente (este es el principio fundamental de la proactividad).

El autoconocimiento cognitivo permite reconocer cómo procesamos información, decidimos o respondemos ante la ambigüedad. Una persona orientada a resultados prioriza la velocidad; otra, más analítica, necesita evidencias; una persona relacional busca consenso, y otra centrada en la estabilidad protege procesos conocidos. Todas las tendencias aportan valor y todas tienen riesgos cuando se vuelven rígidas.

Metacognición: observar cómo estamos pensando

La metacognición añade un nivel decisivo: es la capacidad de pensar sobre nuestro propio pensamiento. Permite detenernos y preguntarnos qué supuesto damos por cierto, qué sesgo influye en nuestra lectura o qué alternativa no consideramos. No consiste solo en tener pensamientos, sino en observarlos, cuestionarlos y regularlos. Cualquiera de nosotros, estando bajo presión, puede variar sustancialmente su patrón fundamental de comportamiento: quien decide rápido puede volverse autoritario; quien busca armonía puede evitar conversaciones y confrontaciones; quien valora el rigor puede refugiarse en los datos. La presión no crea estos patrones: los hace mucho más visibles y evidentes, "sin filtro".

DISC: conocer y comprender sin etiquetar

El modelo DISC (modelo de evaluación de los comportamientos observables de cada persona y cada equipo, desarrollado por William M. Marston durante la primera mitad del siglo XX) ayuda a observar cómo afrontamos retos, influimos, respondemos al ritmo del entorno y nos relacionamos con las normas. No sirve para clasificar ni justificar un "yo soy así", sino para comprender qué aportamos, qué necesitamos y cómo adaptarnos a lo que nos rodea. Durante los próximos meses iremos profundizando en los perfiles que conforman el modelo de evaluación: D (Dominancia), I (Influencia), S (Estabilidad) y C (Cumplimiento), sus fortalezas, riesgos bajo presión y comportamientos esperados. No para etiquetar, sino para ampliar la consciencia y la capacidad de elección. Ya adelantamos que "no somos" un perfil, sino que nos comportamos preferentemente según una combinación de los cuatro perfiles, teniendo unas tendencias marcadas según nuestros rasgos de personalidad.

Conocerse no significa dejar de ser quien somos. Significa dejar de estar gobernados por automatismos no elegidos, desde nuestro subconsciente. La Inteligencia Emocional comienza mirando hacia dentro; la Metacognición nos enseña a observar esa mirada; y el Liderazgo Consciente convierte ambos aprendizajes en responsabilidad y acción. ¡Con rigor!