Management

¿Cuánto vale una primera impresión?

Una mirada médica y económica sobre la imagen, la percepción y su influencia en los negocios

Dra. Soledad Medina y Roberto Aledo

Médica experta en Medicina Estética y Economista

En un tejido empresarial, como el de Tarragona, donde muchos negocios siguen construyéndose sobre relaciones cercanas entre empresarios, profesionales, clientes y equipos, la primera impresión adquiere una dimensión especialmente relevante. Seguimos cerrando muchos acuerdos mirándonos a los ojos, alrededor de una mesa, y construyendo la confianza a lo largo del tiempo.

Nuestra preparación, experiencia y forma de relacionarnos son las que terminan definiendo una trayectoria profesional. Pero sería poco realista negar lo que la ciencia lleva tiempo estudiando: antes de conocernos, los demás ya se han formado una primera impresión de nosotros. Y esa primera impresión puede tener también consecuencias en el ámbito económico y profesional.

La primera impresión bajo la mirada de la ciencia

El psicólogo Alexander Todorov ha estudiado cómo, en fracciones de segundo, nos formamos impresiones a partir de un rostro, atribuyendo características como cercanía, competencia o confianza. Desde la economía, Daniel Hamermesh lleva décadas analizando cómo la apariencia y los sesgos asociados a ella pueden relacionarse con determinados resultados en el mercado laboral. Reconocer estos sesgos no significa justificarlos. Competencia y apariencia no son lo mismo. Pero nuestra imagen puede influir en cómo somos percibidos inicialmente.

Más allá de vestir bien

Sylvia Ann Hewlett desarrolló el concepto de "executive presence" o presencia ejecutiva, construida alrededor de tres elementos: gravitas (seguridad, credibilidad y capacidad de transmitir confianza), comunicación y apariencia. La imagen funciona cuando acompaña a lo que somos, no cuando intenta sustituirlo. Por eso, quizá el concepto más adecuado sea el de coherencia: entre cómo somos, cómo nos sentimos y cómo nos presentamos ante los demás.

¿Y qué papel tiene la medicina estética?

La medicina estética no convierte a nadie en mejor empresario, directivo o profesional. El liderazgo y la capacidad de generar valor se construyen con conocimiento, experiencia y trabajo. Lo que sí sabemos es que el rostro tiene un peso importante en nuestras relaciones sociales. Algunos estudios muestran que determinados tratamientos mínimamente invasivos pueden modificar la percepción del atractivo, pero no necesariamente la de competencia o confianza. Es una conclusión relevante: la medicina estética tiene límites, y debe tenerlos.

Cuidarse no es querer parecer otra persona

En consulta son habituales expresiones como "me encuentro bien, pero parezco cansado" o "no quiero cambiar mi cara, simplemente quiero verme mejor". Muchas personas no buscan transformarse, sino sentirse cómodas con su imagen. Ahí encuentra buena parte de su sentido una medicina estética prudente, respetuosa y orientada a la naturalidad: cuidar sin transformar y acompañar el paso del tiempo sin intentar borrarlo.

En el mundo empresarial hablamos de competitividad, liderazgo, formación o marca personal. Quizá deberíamos incorporar también el autocuidado y la presencia profesional. Porque detrás de cada empresa hay personas que dedican mucho tiempo a cuidar sus organizaciones y, a menudo, bastante menos a cuidarse ellas mismas.

Antes de demostrar lo que sabemos, ya hemos comunicado algo: con nuestra forma de entrar, mirar, vestir y presentarnos. La competencia construye nuestra reputación; la imagen puede condicionar la primera oportunidad de demostrarla. Cuidarla no consiste en perseguir la perfección, sino en procurar que aquello que proyectamos sea coherente con quienes realmente somos.