La construcción aprende de las lecciones que dejó la burbuja

Lejos de los excesos de antaño, el sector crece de forma más controlada en una etapa de bonanza impulsada por la obra pública y la mejora del pulso de la empresa privada

Roberto Villarreal / Tarragona

Aunque la huella persiste, el sector de la construcción va dejando atrás las graves heridas sufridas tras la crisis de 2008 y, -a falta de evaluar el impacto de la inestabilidad en Oriente Medio-, el preocupante encarecimiento de los materiales como huella de la pandemia. Las estimaciones auguran un crecimiento estable y robusto, en torno al 3,5% -por encima de la media de la Unión Europea- con perspectivas favorables hasta el 2028 sin que de momento asome la sombra de una nueva burbuja.

En términos de confianza empresarial, el sector subraya en Tarragona su solvencia actual como un factor diferencial respecto a la burbuja inmobiliaria de hace 20 años. Este escenario favorable y en cierto modo tranquilizador se ha puesto de manifiesto en encuentros como el celebrado hace unas semanas por la Cámara de Contratistas de Obras de Cataluña (CCOC) en Vila-seca, donde su presidente, Lluís Moreno, destacó la cohesión del sector que goza de buena salud y su papel estratégico.

En este marco de dinamismo 'controlado', la demarcación de Tarragona muestra una notable fortaleza. A juicio de las voces más autorizadas, el sector ha cerrado un "muy buen 2025" caracterizado por un cierto incremento en la inversión y la obra nueva. La actividad se ha sostenido sobre dos pilares: la edificación residencial y el impulso de la obra civil, con una intensa influencia de los fondos europeos Next Generation EU (NGEU) como palanca financiera para la renovación de inmuebles y el impulso de nuevas infraestructuras. Las previsiones a corto y medio plazo dibujan un escenario de crecimientos anuales moderados pero constantes, entre el 3,5% y el 2% en términos reales hasta 2028.

Más obra nueva

El ejercicio 2025 ha sido un año de consolidación para las comarcas de Tarragona. Las cifras del Colegio Oficial de Arquitectura Técnica de Tarragona (COATT) indican que se iniciaron 1.835 viviendas nuevas, lo que representa un aumento del 6,8% respecto al año anterior. Más allá del número de unidades, el dato que mejor refleja el dinamismo es la inversión 'asociada', que creció cerca de un 15%, hasta superar los 265 millones de euros en presupuesto de ejecución material. 

El mapa que se infiere a partir de las estadísticas del COATT ilustra un crecimiento relativo muy concentrado en municipios como El Vendrell, que encabeza el incremento porcentual con un +135%, lo que se traduce en 80 nuevas construcciones a lo largo del año. Por su parte, Salou se consolida como uno de los principales focos de actividad al pasar de 182 viviendas nuevas en 2024 a 319 en 2025 (+75%). En este último caso llama la atención el auge del sector Emprius, con cerca de 200 pisos nuevos ya visibles y otros en construcción. Actualmente, se ha edificado ya una cuarta parte de las casi 1.400 viviendas previstas en este área urbanística. Entre 2022 y 2024 se hicieron un centenar, y actualmente hay otras 96 en ejecución. 

En un análisis más detallado del mercado llama la atención un cambio estructural significativo en la tipología de vivienda: el mayor crecimiento (+77%) se concentra en la construcción de bloques plurifamiliares, mientras que las viviendas unifamiliares experimentaron un retroceso superior al 15%. Desde la Asociación de Promotores del Tarragonès, se razona este giro por la preferencia de "proyectos de mayor volumen que ofrecen mejor rentabilidad y que optimizan mejor el suelo".

Además de la obra nueva, la rehabilitación mantiene un peso importante en la actividad del sector tarraconense. En 2025 comenzaron más de un millar de obras de este tipo, una cifra ligeramente superior a la de 2024. Este segmento de actividad se ha visto impulsado, en gran medida, por los fondos europeos Next Generation y por un cambio de mentalidad ciudadana hacia la sostenibilidad y la eficiencia energética.

No obstante, la inversión asociada a la rehabilitación registró un leve descenso del 2,5%, situándose en 93,7 millones de euros. Si bien ha habido una disminución de las actuaciones en grandes municipios como Tarragona y Reus, el incremento en pueblos más pequeños ha ayudado a equilibrar el conjunto.

Volatilidad en los costes

El moderado optimismo de cara a los próximos años se ve oscurecido por ciertos desafíos estructurales que pueden comprometer la etapa de bonanza de un sector que sigue lidiando con la volatilidad y los altos costes de los materiales. Tras el vértigo posterior a la pandemia por la crisis logística, los precios de la construcción se mantienen en niveles significativamente elevados, un 32% superiores a los registrados en 2019. 

Según los datos que maneja el Gremi de la Construcció del Tarragonès, el encarecimiento es más acusado en materiales esenciales como el cobre, los cerámicos, el cemento y los materiales bituminosos, cuyos precios se sitúan por encima del 40% respecto al año mencionado. Esta situación encarece los costes finales de la construcción y es un factor de reticencia clave para los promotores en la edificación privada.

En este sentido, las patronales continúan insistiendo en la necesidad de que la Ley de Contratos del Sector Público incorpore un sistema de revisión de precios, de manera que se pueda repercutir el incremento de los costes sobrevenidos desde la presentación de la oferta como garantía de seguridad para las empresas.

"La asignatura pendiente sigue en la dificultades para impulsar la edificación privada; los promotores son reticentes, no solo por la falta de suelo, sino también por los altos costes de materiales y una excesiva fiscalidad, que dispara los precios finales: el coste de la vivienda nueva es hoy más del doble que en 2007, mientras que la renta apenas ha crecido", concluye el economista Juan Gallardo.

Etapa expansiva en el gasto público

El vigor del sector de la construcción en Tarragona no se explica sólo desde la iniciativa privada sino que va estrechamente ligado a la licitación pública, que continúa al alza y ya en 2025 superó los 530 millones de euros, según datos de la Cámara de Contratistas de Cataluña. Este volumen supone el 14% del total en Cataluña, lo que posiciona a Tarragona como la segunda provincia catalana, solo por detrás de Barcelona (75%) y muy por encima de Lleida (5%) y Girona (5%). 

La Generalitat refuerza esta tendencia con un proyecto de presupuestos para 2026 que destina 305,8 millones de euros al Camp de Tarragona, con un aumento del 172% respecto a las últimas cuentas aprobadas en 2023. El grueso de esta inversión se destina al nuevo tranvía del Camp de Tarragona, con algo más de 100 millones de euros, y al Hospital Joan XXIII, con más de 55. 

Desastre en la gestión del suelo

A pesar de una previsión de cierta bonanza, el sector se enfrenta a un desafío estructural de primer orden como es la falta de oferta de vivienda asequible. La demanda a nivel nacional se estima en casi un cuarto de millón (250.000) de viviendas anuales en la próxima década. El volumen de visados de certificación de fin de obra, que se sitúa por debajo de las 100.000 unidades anuales, resulta insuficiente para abastecer la demanda.

En respuesta a esta carencia, la Generalitat ha aprobado un plan para transformar 179 sectores en suelo residencial apto para construir 214.000 viviendas hasta 2030 en toda Cataluña. La estrategia consiste en desbloquear suelos con potencial residencial que requieren gestión urbanística previa (planeamiento, reparcelación, urbanización), en lugar de centrarse únicamente en solares ya urbanizados.

El Camp de Tarragona y las Terres de l'Ebre han sido identificadas como zonas prioritarias dentro de este plan. En concreto, se valora agilizar 22 sectores en el Camp de Tarragona -incluyendo Mas d'en Gual en El Vendrell, Les Comes en Cambrils, y ARE Pou Boronat en Tarragona- y cinco en las Terres de l'Ebre.